martes, 20 de marzo de 2018

Rafaela Carrasco, nacida libre

Rafaela Carrasco en Nacida Sombra. Foto de M. Valverde.

Muy oportunamente, a escasas fechas de la arrolladora jornada en que las mujeres demostraron para siempre su importancia y poderío ineludibles, y recién acabada la manifestación contra el empobrecimiento galopante de la gente mayor, llegó a Logroño Rafaela Carrasco al frente de su propia compañía, una vez terminada su exitosa etapa al frente del Ballet Flamenco de Andalucía. Y traía un hermoso y reivindicativo espectáculo, Nacida sombra, que inspira su título en un verso de sor Juana Inés de la Cruz  (“Nacida sombra, al cielo encaminada, escalar pretendiendo las estrellas”) para contar a través del baile flamenco la inagotable historia de marginación y desprecio que han padecido las mujeres a lo largo de la historia, sirviéndose para ello de cuatro personalidades extraordinarias del Siglo de Oro español: santa Teresa de Jesús, María de Zayas, María “la Calderona” y sor Juana Inés de la Cruz. De la mano del dramaturgo Álvaro Tato y recurriendo al ingenioso recurso de una imaginaria cadena de cartas que empieza con Teresa y va pasando por sus “hijas queridas”, las “amadas sombras del futuro”,  Rafaela Carrasco nos presenta un mensaje optimista a pesar de los pesares, una luz encendida en la mitad de la larguísima noche oscura del alma que invita a las mujeres a abrir sus propias sendas, por inciertas que puedan parecer. Una luz, eso sí, lunar, cambiante. Esas cuatro mujeres tan distintas coinciden en su fortaleza y en ser conscientes de la situación de insoportable marginación que padecen, y luchan por la luz clara del saber y por su derecho a una voz propia, cueste lo que cueste.
La compañía de Rafaela Carrasco. Foto Facundo Pechervsky.
El espectáculo se desarrolla a lo largo de un ciclo lunar, y cada coprotagonista representa una de sus fases, con Teresa de Jesús-Rafaela Carrasco como hilo conductor y “deus ex machina”. La escenografía es simplicísima, reducida a un espacio diáfano como celda monástica sin más bulto que un cofre con libros movido de un lado a otro por la santa. Y el papel deslumbrante de la luz, auténtica protagonista, un trabajo excelente de Gloria Montesinos que llena de vida y dinamismo, de misterio y sombra, el escueto recinto.
Como cabría esperar de un espectáculo inspirado por una monja trotadora, la función es trepidante, y avanza sin vacilación con paso firme, haciendo del virtuoso zapateado una de sus principales fortalezas. La música es muy imaginativa, muy interesante en la acertada mezcla de lo flamenco con los lenguajes ajenos, de la ejecución en directo (interpretada por los guitarristas Jesús Torres y Juan Antonio Suárez) y de las partes grabadas, y sirve perfectamente tanto al desarrollo argumental como a las exigencias del baile, con espacio para la melancolía y para la expresión más enérgica.
Rafaela Carrasco.
Teresa de Jesús empieza y termina su trance místico en la celda de un convento. El baile de Rafaela tiende a lo esencial para transmitir los duros encierros de la vida que solo se alcanza al morir. Baila muy  contenida, casi seca, sobre las voces de hondo rajo y precioso metal de Antonio Campos y Miguel Ortega, hondura compatible con la dicción clara, imprescindible para tratar de hacer llegar al público la riqueza lírica y emotiva de tan hermosas y dolientes palabras. El final, en una preciosa soleá estupendamente cantada, reúne muchos de los mejores aspectos del espectáculo, y con su complejo movimiento nos trae y nos lleva desde la mayor intensidad hasta llegar a desaparecer, apagándose, como en un suspiro.
La novelista María de Zayas se mueve en los recintos cortesanos reivindicando libros, letras, educación y amor. En esta ocasión conviven en la música y en el baile las resonancias jazzísticas de un combo (en el que predominan la percusión y unos sofisticados arreglos de instrumentos de viento, con abundantes  cambios de tempo y efectistas crescendos) y una tremenda seguiriya, ideal para manifestar tan profundo malestar a través de las dos voces cantaoras en expresivo diálogo.
La compañía de Rafaela Carrasco. Foto Facundo Pechervsky.
María Calderón, “mujer, comediante y libre”, acostumbrada a ponerse en la piel de otros, a prestar su voz para recrear otras vidas, nos habla de sus éxitos profesionales y sus fracasos personales  desde un corral de comedias, y lo hace sobre las músicas que acompañaban al teatro a mediados del siglo XVII, donde se mezclaban con toda facilidad lo más popular y la mayor sofisticación, conviviendo jotas castellanas y pervivencias musulmanas, fandangos, tangos y cantes de Cádiz.
Sor Juana Inés de la Cruz nos habla en el momento en que abandona la vida pública para renacer en el convento, y lo hace con un conjunto de cuerda en el que destaca una viola de gamba (el instrumento que mejor reproducía las emociones de la voz humana, según opinión extendida entre los músicos del barroco), sobre el que acaba por superponerse un piano arrabalero que nos transmite su desengañada sentimentalidad, su combativa voz que nos agita en brazos de los cantes de ida y vuelta, en una orgullosa colombiana (“ Y así, Amor, en vano intenta / tu esfuerzo loco ofenderme: / pues podré decir, al verme / expirar sin entregarme, / que conseguiste matarme / mas no pudiste vencerme.”) 
Rafaela Carrasco.
Para mi gusto, hay un momento final, espectacular en varios sentidos, que ilustra vívidamente las visiones de santa Teresa, en el que la voz de la narradora Blanca Portillo, la música que la acompaña y las cuatro bailaoras se paralizan y entran en un bucle repetitivo, chirriante, crispado, doloroso, iluminado de manera cruda, expresionista, produciendo un efecto muy logrado de desasosiego que se calma cuando la santa afirma que nunca tuvo temor. Una visión optimista, como decía al principio, y aunque no lo parezca. 
Compañía de Rafaela Carrasco. Nacida Sombra. Foto M. Valverde.
Del trabajo coreográfico de Rafaela Carrasco hay que destacar (además de su evidente talento para afrontar y superar la prueba de poner en pie un espectáculo conceptualmente exigente y con una línea argumental difícil de seguir) la generosidad de su relación con las bailaoras Florencia O´Ryan, Carmen Angulo y Paula Comitre, a las que otorga categoría de protagonistas con todas las posibilidades de lucimiento, igual que hace con los excelentes músicos y cantaores. 

Rafaela Carrasco.
El público, que mantuvo la atención y el interés a lo largo de todo el espectáculo, premió reiteradamente el esfuerzo y el mérito de Rafaela Carrasco y de toda su compañía.


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1 comentario:

  1. Muchísimas gracias por tus palabras. Precioso texto. Un saludo y gracias nuevamente.

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