miércoles, 1 de febrero de 2017

El fotógrafo Carlos Traspaderne, río abajo

Carlos Traspaderne. Persianas. 2015.

Parafraseando a Heródoto y su sintética visión sobre el origen y la milenaria pervivencia de la cultura egipcia, podríamos afirmar que Riberia –el fértil territorio de confluencia entre La Rioja, Navarra y Aragón al que ha puesto nombre y definido en imágenes Carlos Traspaderne- es un don del Ebro.
Mapa de Riberia según la información de Carlos Traspaderne dibujado por Jorge Elías en 2016.

Un Ebro invisible pero omnipresente que ha recorrido durante cuatro años cargando con su Hasselblad y guiado por la actitud de un etnógrafo ajeno a la propaganda y los interesados “hechos diferenciales”, que mira atento y percibe entre el marasmo dominante cierto equilibrio, una imprecisa intención, algo así como un atisbo de orden. Seguramente esas dos armas, la mecánica y la mental, han sido decisivas para “pegar” a Carlos Traspaderne a un territorio privilegiado del que ha hecho un retrato completo (el del campo y el de su difícil costura con la confusa periferia urbana), a la distancia justa y con la mirada desapasionada y sistemática de un forense.
Carlos Traspaderne. Cabaña El Bienestar. 2015.
En el centro está el árbol protector, y todo crece a su sombra, todo se desparrama en torno a él. Ahí nace una arquitectura sin arquitectos, sin visados ni permisos, de volúmenes crecidos por acumulación, primarios, esenciales. Como por ensalmo se ha llegado a la posmodernidad espontáneamente, sin que por aquí, ni de lejos, haya pasado, ni de visita, la modernidad. En cualquier rincón te encuentras la casa de Frank Gehry en Santa Mónica o una instalación de arte povera digna de Mario Merz, y la estética del art brut es la tendencia dominante (por los siglos de los siglos y sin perspectiva de cambio) en ambas márgenes.
Carlos Traspaderne. Espejo. 2015.
Es el reino del reciclaje y lo biodegradable (sujeto a las previsibles crecidas destructoras con la vuelta inexorable al punto de partida, pero con el suelo enriquecido y renovado incansablemente): barro, paja, cañas, cantos rodados, lonas, uralita y una especial torpeza para todo lo que tenga que ver con el encofrado.
Carlos Traspaderne. Bidón. 2015.
Su carácter básicamente estacional y su virtuosa adaptación a la necesidad y la urgencia aproxima estos recintos a la irregularidad de los cobijos efímeros y transitorios de los recolectores prehistóricos, como una evidente pervivencia neolítica. Estos lugares son el observatorio privilegiado para apreciar pormenorizadamente el crecimiento y la belleza inagotable de una planta de alcachofa alzada y de las estrellas y lunas libres de la odiosa polución lumínica de las urbes, por no hablar de las placenteras posibilidades del sosegado cultivo de la soledad y el deleitoso trabajo manual, además de posibilitar la elegancia social de recibir a los amigotes para merendar en ambiente distendido.
Carlos Traspaderne. Sillas. 2014.
Brindan lo de siempre: cobijo, alimento y distracción, y últimamente una posibilidad especulativa al convertir la paupérrima caseta de aperos en recalificado chalet de dos plantas, transformando su conjunto en caótico barrio residencial. Eso los liga a los imprecisos límites de un paisaje urbano desconsideradamente deteriorado, refractario no sólo a la belleza sino al mínimo decoro. Como si tanto trabajo en ordenar las primorosas huertas hubiera desecado a los “riberos” de sus naturales capacidades para el buen gusto, el sentido estético y el estudio y aplicación provechosa de las acertadas soluciones que recibieron de la tradición y de sus antepasados.
Carlos Traspaderne. Bürstner. 2015.
En ese territorio sin ley (o con poca y cambiante a conveniencia) se sigue la misma estrategia de siempre: aprovechamiento y acumulación, con especial atracción por las ruedas y las caravanas, porque hoy estamos aquí y mañana, ¿quién sabe dónde? Eso es el progreso: cables y ruedas.
Carlos Traspaderne. Balcón. 2016.
El hermoso (y desasosegante) trabajo de Carlos Traspaderne es un extraordinario documento fotográfico sobre un territorio en profunda transformación (a pesar de su apariencia congelada en el tiempo se va despoblando y empobreciendo aceleradamente en beneficio de las ciudades y sus depredadoras dinámicas económicas) y está en consonancia con una literatura cada vez más abundante e influyente (Llamazares, Labordeta, Sergio del Molino, Paco Cerdá, Emilio Gancedo,...) que habla de un mundo (el de la rica y variadísima cultura popular española) que irremediable y estúpidamente se pierde para siempre. La cosa es más grave, mucho más grave, que la mera alabanza de la aldea. En ese sentido Riberia tiene cierto aire de distopía postapocalíptica, porque, ¿qué peor apocalipsis que el abandono criminal?
Los registros de Carlos Traspaderne son precisos, elocuentes y desapasionados, y podrían equipararse al trabajo de los equipos de la FSA que fotografiaron la deprimida vida rural americana (siendo especialmente acordes con las obras de Dorothea Lange y Walker Evans en su afán por contar las vidas y sus precarias condiciones retirando del escenario a los protagonistas). Ese tono "deshumanizado" y "antiestético" me recuerda también a alguno de los mejores disparos de los fotógrafos-exploradores que documentaron "cómo se ganó el oeste." 
Carlos Traspaderne. Flor. 2015.
Riberia, enmendémosle ahora la plana a Heródoto, es también el fruto de los ribereños luchando contra el Ebro, un padre Ebro que quita y que regala. Y ese dinámico y desigual combate se está dando por perdido por vergonzante abandono de uno de los contendientes. Todo aquí es humano, demasiado humano, y, como tal, efímero. Somos agua (especialmente los de regadío) y estamos de paso. Nada quedará de todo esto, salvo las acequias y los regatos, que aguantarán, como poco, otros mil y pico años.
Carlos Traspaderne. Escalera. 2014.
Y al fondo, tras la ruina, seguirá la frondosa chopera, inmenso caudal de madera ascendente cargada del canto de los pájaros.

Carlos Traspaderne
Riberia. 2012-2016
Aloha editorial
Madrid, 2016

4 comentarios:

  1. Everybody Knows This Is Nowhere

    ResponderEliminar
  2. ¡Gracias por tu agudeza, querido Pachi! Y lo mejor es que me siento reflejado en cada palabra, de verdad...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias a ti. Tu trabajo es extraordinario, admirable.
      Ojalá funcione muy bien el libro.

      Eliminar
  3. la verdad es que es una bomba.vi la exposicion en el centro riojano de la juventud y disfrute un buen rato.gracias a los dos.love

    ResponderEliminar