martes, 31 de mayo de 2016

Veredicta y Dictamino

F.G. El Pendón de Cerezales. 05.2016.
-“Veredicta”, reclama apremiante -bajo la intermitente lluvia y próximo ya el ite missa est- un joven cofrade a su hermano mayor acerca de la dudosa conveniencia de poner en marcha la tan esperada  procesión.
F.G. Procesión del Corpus. Cerezales. 05.2016.
-“Acertar quisiera”, respondió Dictamino, que, sin jurisprudencia a la que echar mano, se equivocó.  
F.G. Procesión del Corpus. Cerezales. 05.2016.

lunes, 30 de mayo de 2016

David Kikoski Quartet: el trío y el metal

David Kikoski.

El concierto de David Kikoski en el ciclo de jazz de Cultural Rioja sirvió para confirmar muchas de las cualidades que se atribuyen a este prodigioso pianista que lleva formando parte y liderando grupos con muchos de los mejores músicos de jazz de los últimos veinticinco años. La principal, por globalizadora, quizá sea la afirmación de Roy Haynes acerca de que “Kikoski puede tocar cualquier cosa.” Y además tocarla muy bien, porque es un pianista torrencial, de técnica excelente y sonoridad cristalina; un virtuoso versátil, rítmicamente extraordinario y fácil improvisador. Y un prolífico compositor.
Planteó la actuación como el reconocido especialista en combinaciones que es, y mezcló en el repertorio temas propios (Tamami, New old ballad, Dirty dogs,…) con standards del cancionero del Tin Pan Alley (como How deep is the ocean, de Irving Berlin) y otros que, aunque propios, se inspiran decididamente en las formas canónicas del blues (K´s blues) o del bebop y el hard bop (Winnies Garden).
David Kikoski, Martín Leiton y  Martin Andersen.

Cuando quiere puede sonar hondamente lírico, lleno de emoción y próximo al sentimiento romántico, especialmente en sus largos solos, -como la hermosa introducción de su tema Cecilia, con la que abrió el concierto-. Lo que se anunciaba como un cuarteto fue, en realidad, un “trío más uno”, lo que no siempre es lo mismo. Al frente del trío (esa perfecta máquina de equilibrada precisión pensada para obtener de su productiva dinámica el mayor fruto de tan pequeña agrupación)  Kikoski sonó potente y lleno de swing, aportando su inagotable impulso y construyendo sin cesar sobre la riqueza rítmica de los compañeros que le acompañaban, el canario Martín Leiton al bajo, un músico completísimo y lleno de curiosidad, poderoso, intenso, flexible y fluido, capaz de “cantar” las melodías y de emocionar, -muy en la línea de sus antecesores en el puesto Eddie Gómez o Christian McBride-, y el danés Martin Andersen a la batería, un excelente soporte de riqueza rítmica, creativo constructor, preciso, sutil y colorista.
Voro García

Y junto al trío, el valenciano Voro García, tan brillante a la trompeta como al fiscornio, técnicamente impecable, tan apasionado como imaginativo, transmitiendo a la audiencia el infrecuente placer de escuchar a un músico contemporáneo y con voz propia que ha interiorizado tan provechosamente las enseñanzas de Woody Shaw y lo mejor de la historia de la trompeta.

David Kikoski demostró que sigue teniendo, como siempre ha tenido, la habilidad de hacerse acompañar por excelentes músicos de cualquier latitud con los que establece fructíferas colaboraciones plenas de fuerza, de las que surge, desbordante, la belleza.


David Kikoski Quartet
JAZZ 2016. Cultural Rioja
Teatro Bretón. Logroño
26 de mayo de 2016



Otras crónicas del ciclo JAZZ 2016. Cultural Rioja:
Ernie Watts
Ralph Towner y Paolo Fresu

viernes, 27 de mayo de 2016

Johnny Guitar (¿o Vienna?) para presidente

Un músico callejero promociona en Times Square la película Johnny Guitar. Primavera de 1954.
Los estrategas que preparan las campañas electorales han descubierto que a la mayoría de los votantes -como a Johnny Guitar- nos gusta que nos mientan, y que buscando entre las pistas que vamos dejando pueden hilvanar una serie de trolas que se ajusten a nuestros deseos como el guante a la mano. Lo puedes comprobar leyendo sus inviables promesas en el periódico de cualquier día.
Joan Crawford es Vienna.
Seguro que recuerdas este diálogo, como de campaña "puerta a puerta", en la célebre Johnny Guitar, dirigida por Nicholas Ray, con guión de Philip Yordan:


"Johnny `Guitar´ Logan: No te vayas 
Vienna: Pero si no me he movido.
J.: Dime algo bonito.
V.: Claro. ¿Qué deseas oír?
J.: Miénteme. Dime que me has esperado estos cinco años. Dímelo.
V.: Todos estos años te he esperado.
J.: Y que habrías muerto si no hubiese venido.
V.: Habría muerto si tú no hubieras venido.
J.: Y que todavía me quieres, como yo te quiero a ti.
V.: Te quiero como tú me quieres a mí.
J.: Gracias."

Sterling Hayden como Johnny Guitar. 

Afortunadamente, el mentiroso no suele ser tan convincente como Joan Crawford, y cae en tales contradicciones que hasta el enamoradísimo Sterling Hayden acaba por romper la baraja. 
Johnny Guitar: una maravilla en colores.
Pero no deja de ser alucinante, la verdad.

jueves, 26 de mayo de 2016

Sobre estampidas, fídulas y canes

Can de los danzantes en la iglesia de Santa María y San David, en Kilpeck, Herefordshire.
En buena parte de la Europa occidental se dio durante la baja edad media una forma musical popular llamada estampida, consistente en la improvisación instrumental de una secuencia de melodías que iban acabando con la misma figura, relacionada con las canciones entre las que a menudo se incluían.

Estampida. 1. Stevie Wishart & Trois Soeurs. 
Sinfonye. Glossa, 2001.
Solían estar ligadas a la danza, y por su origen plebeyo eran a la vez despreciadas y consideradas una amenaza, por lo que no se escribían para su transmisión, que quedaba en manos de los memoriosos intérpretes.

Can con fidulista en la iglesia de Santa María y San David, en Kilpeck, Herefordshire.
Se tocaban con organettos y zamfoñas (de las que hablaremos otro día) y fídulas, que eran un tipo de viola (o vihuela) de arco con cuerdas de tripa que permitían tocar simultáneamente y entremezcladas la melodía y el zumbido constante del bordón. Un violín rústico, como si dijéramos.

Estampida. 2. Stevie Wishart & Trois Soeurs. 
Sinfonye. Glossa, 2001.
La fídula (convertida en fiddle) viajó mucho, y llegó a las fiestas campestres del Nuevo Continente, como seguramente recuerdas haber visto en las coloristas películas sobre pioneros.

Can del acróbata en la iglesia de Santa María y San David, en Kilpeck, Herefordshire.
¿A qué viene todo esto?, te preguntarás, paciente lector. 
Todavía estoy deslumbrado por el hallazgo de estos tres canes románicos, entre máscara africana, danza macabra y retrato cubista, y había que buscarles compañía y explicación. 

miércoles, 25 de mayo de 2016

Brossa

Joan Brossa. Cuentos. 1986.

“Ve hacia abajo. Toma la calle
de la derecha. Tras haber
andado un trecho, darás con
otra que tira hacia arriba; síguela.
Toma por la segunda calle que encuentres
y llegarás a una plaza; el
pasaje de la izquierda te llevará
a la casa que buscas.

Pero no sé si podrás entrar,
              no suelen estar nunca.”

Joan Brossa

(Poema sin título recogido en Poemas Civiles. Versión de José Batlló. Ed. Visor y Ministerio de Cultura.1990)
Joan Brossa dentro de un "poema visual transitable". Circa 1990.
Espero que estéis tan contentos como yo por ver a Joan Brossa en miracomosuena.
(Continuará)

Joan Brossa. Cartel para una sesión mágica a medias con Hausson. 1981.

martes, 24 de mayo de 2016

La gente


Revista Kilimanjaro.
Decía mi padre que "no hay peor gente que los hombres y las mujeres", y seguramente tenía razón, igual que la tuvo Rafael El Gallo cuando afirmó que "hay gente `pa tó´".
Piedad Isla. Fuentes Carrionas. Cervera de Pisuerga. Palencia.

Gomaespuma se dirigen en sus anuncios radiofónicos para un banco con mucho peligro a la imprecisa "gente sencilla, personal y justa".
De "la gente" se habla mucho, casi siempre interesadamente, y se le da mucha coba. Pero entre "la gente" hay, naturalmente, "de tó". 
Anónimo. Concurso de piernas (femeninas). 1950.



Nos da buenas pistas sobre tan informe colectivo Marta Sanz en Farándula (Anagrama, 2015), una excelente novela para informarse sobre los desastres que la crisis ha generado en el ámbito de la cultura y para ponerse en guardia contra los clichés buenistas y las mentiras interesadas de "lo transversal".
Walker Evans. Fotografías de carnet en Savannah, Georgia. 1936.
«(...) la gente son maestras de niños huérfanos, niños huérfanos, campeones paralímpicos de natación, asesinos, la madre Teresa de Calcuta y el Papa del Palmar de Troya, violadores, viejecitas que viven solas y que nunca han roto un plato, científicos locos, trabajadores del matadero, especuladores, mujeres generosas que preparan grandes cenas y se quedan a velar a los pacientes de los hospitales, estudiantes desesperados, auxiliares de enfermería que te cogen la vena a la primera -¡benditas sean!-, traperos multados por la policía municipal, parados de cincuenta que parece que ya han cumplido setenta y nueve, actrices que dejan de trabajar por viejas pellejas, adulteradores de potitos, aceites y otros alimentos, 
Buceadores. Circa 1940.

maltratadores, conductores que atropellan a un chiquilín y se dan a la fuga, donantes de sangre, prestamistas, cofrades de semana santa, tasadores del precio del agua, sacerdotes pederastas, ateos filántropos, gitanos que se rompen la camisa en las bodas, lectores que estropean los libros y lectores que los dignifican, defraudadores, chóferes de coches oficiales que piden compasión, poetas soplagaitas, casamenteros, progenitores que llevan a sus vástagos a los castings infantiles para anuncios, concursantes, remienda-virgos, hombres de mediana edad que pasan hambre, misioneros, fingidores, agorafóbicos, pornógrafos, ablandadoras de clítoris, espectadores atentos de la miseria, bachilleres que suspenden y esnifan pegamento, monárquicos, republicanos, presidentes que afirman que todo, todo, todo va como la seda, dentistas que te destrozan la boca por maldad, ignorancia, prisa, universitarios exiliados, contribuyentes, limosneros, nómadas, víctimas que no son ni buenas ni malas, sólo son víctimas, verdugos, mercaderes de aspirina y sueros fisiológicos, estanqueros que no dejan fumar en su garito, viejos achicharrados en torno a un brasero, diáconos que no creen en la virginidad de María, vendedores de té que han invertido todo su dinero ahorrado y ven pasar las horas detrás de un mostrador, 
Jim Campbell. Fundamental interval commuters. 2010.
habitantes de debajo de los puentes, cómplices de cualquier crimen, voceros del apocalipsis o de la resurrección de Jesús, gente con callo en la mano, obediente, mansa, corderos, groseros, dandis de cortesía infinita, alfeñiques, militantes, hipertensos, investigadores despedidos que fabrican un arma química, voces en off , happy people, chefs, chefs, chefs, críticos piadosos, disc-jockeys, bibliófilos hijoputas, párvulos que aprenden a leer, bellísimas personas, bellísimas a secas, administradores de lotería y de la pena de muerte, jueces sordos, médicos aburridos, propietarios de viviendas que aún conservan el paragüero, prebostes, testaferros, demócratas, acosadores laborales, adictos al sexo, señoras de la limpieza que estrellan un tren en Estocolmo, sátrapas, jubilados que hipotecan su casa para ayudar a los suyos, diseñadores suicidas, revolucionarios a quienes les repugna la sangre, adultos que no viajan nunca, deportistas buenos chicos que evaden capitales, obesos sin cama de hospital, fumadores que son los malos de todas las películas, vegetarianos, agradecidos, quejicas, raritos, potomaníacos, usuarios del WhatsApp, ciberatletas y gente que se hace un selfie, solitarios, hipócritas, relaciones públicas, lesbianas, explotadores, rostros anónimos y famosos, miembros de una clase media que tiene la conciencia regular, gente, gente mala a la que le urge sentirse buena, forofos del equipo ganador, (...).

Manel Armengol. Actuación policial en Barcelona. 1976.
Y así sucesivamente, sigue y sigue, así de intenso, así de claro, recogiendo toda esa biodiversidad, unas cuantas páginas más. 
Pedro Meyer.

Menos rollo con "la gente". 
La gente, de uno en uno. 
Y sin pretender que renuncien a sus derechos individuales.


lunes, 23 de mayo de 2016

Beny Moré, Alain Pérez y la CMQ Big Band sonaron bonito y sabroso


El Beny Moré, inmortalizado por Jorge Frías, "Sinsal", tremendo artista. 2016.
Hubo un tiempo (ya lejano, y probablemente perdido para siempre) en el que en las emisoras de radio y en los estudios de televisión se tocaba música en directo. La amplitud del combo dependía del rumbo del patrocinador publicitario, y la calidad de la música era cosa del talento e imaginación de los intérpretes. En La Habana de los años cincuenta (una de las múltiples “edades de oro” de la música cubana), las orquestas, además de grabar discos, tocaban en cabarets, salones de baile, teatros, espectáculos y “emisoras radiales” como la CMQ, y las más famosas lo hacían todo a la vez, en jornadas extenuantes. 
El concierto que propone desde hace tres años la CMQ Big Band trata de recuperar y difundir ese sonido singular, fruto de unas circunstancias excepcionales y que dejó de tocarse ya en los años sesenta, relegado entre otras cosas por los cambios políticos de la isla (ya tú sabes eso de “se acabó la diversión, llegó el Comandante y mandó parar). Y lo hace recreando la intención y el repertorio de Beny Moré (el “bárbaro del ritmo”, el “sonero mayor”) y su Banda Gigante, considerados unánimemente como su manifestación más lograda y exigente.
Beny Moré y su Banda Gigante. Circa 1955.
Hacia la mitad de su concierto en Logroño la CMQ Big Band atacó la guaracha Elige tú, que canto yo, de Joseíto Fernández, que propone las reglas del juego: “yo canto una guaracha, una rumba y hasta un son, y canto cualquier cosa y es porque soy buen cantor. Si tú me pides bolero, pues bolero yo te doy”. Todo eso y mucho más (son montuno, mambo, rumba, guaguancó, guajira, chachachá, batanga, invocaciones orishas,…) se tocó en el Teatro Bretón por una banda interracial y transatlántica de diecisiete músicos, una “caja de ritmos” dirigida por el brillante pianista Luis Guerra y con Alain Pérez como omnipresente cantante y maestro de ceremonias.
La CMQ Big Band, con Alain Pérez.
El repertorio estuvo muy bien elegido, agrupando una selección de los “grandes éxitos” de un músico singular que, a pesar de su temprana muerte (a los 43 años) en un medio, digamos, nada proclive a la “fiesta”, marcó para siempre el imaginario sonoro de la música cubana y está en el epicentro de su influencia internacional, mucho más allá del ya de por sí amplio territorio sentimental del bolero. Músicas propias y ajenas (recreadas y hechas propias en sus versiones) y paulatinamente más sofisticadas, desde su época de intuitivo cantor rural y su paso por el grupo de Miguel Matamoros hasta la orquesta de Pérez Prado, y sobre todo con su Banda Gigante, donde se fijaron clásicos de leyenda que siguen siendo, como ahora se dice, “rompepistas”.
Beny Moré y su tribu, la Banda Gigante. 
La orquesta sonó como aquello para lo que se creó: una poderosa máquina de sonido rutilante, un complejo mecanismo de precisión que ha de servir igual de bien (y sin descanso ni transición) a las necesidades expresivas de la pasión romántica y a las exigencias rítmicas del estómago y los pies de los bailongos. Todo un logro, ensamblar el lenguaje melódico y rítmico cubano con la potencia sonora de una explosiva banda de metales. Mérito que en buena medida correspondió a su director, el pianista Luis Guerra, autor de los elegantes arreglos y de varios solos virtuosos y espectaculares.
Beny Moré y su Banda Gigante, cuando La Habana era una fiesta.
Alain Pérez (un músico extraordinario que a lo largo de su intensa carrera se ha sentido igual de bien haciendo sus propios discos que acompañando al contrabajo a Paco de Lucía -durante varios años- o a Jerry González y a lo más selecto de la música cubana -de dentro y de fuera de la isla-), cantó con solvencia en la exigente tesitura en que lo hacía el Beny con su “voz de clarín”, en un territorio agudísimo próximo al falsete, arriesgado para la afinación. Tiene un registro vocal amplio y un metal precioso, y resultó un repentizador ocurrente, con estribillos e inspiraciones sobre las bondades de lugar, los músicos y el público llenas de gracia. Calentó el ambiente y agitó a la orquesta con su gestualidad y su innato sentido del ritmo. Ya hacia el final, con el montuno Qué bueno baila usted, convirtió el teatro en dislocada pista de baile, y la canción en homenaje a los esforzados músicos, con un agradecido “Beny Moré, qué banda tiene usted” y “qué bueno toca usted” que se sintió como entusiasta reconocimiento colectivo hacia “la tribu”.
Beny Moré, el bárbaro del ritmo, en acción.


Seguramente si hubiera en el grupo, como es frecuente, una segunda voz (además de los deliciosos coros de los percusionistas, que merecerían su propio concierto) el resultado sería más rico y variado, evitando lo que podía acabar por apreciarse como cierta monotonía en lo vocal.
La descarga, que terminó con la Batanga nº 2 de Bebo Valdés, duró cien intensos minutos y a la mayoría del público nos supo a poco. Los telones del escenario se cerraron y el recinto volvió a estar como cuando llegamos, para disfrutar de lo que Alain Pérez definió como “una película en blanco y negro sobre Beny Moré, leyenda y milagro de la música cubana”.



.
Después, ya en la calle y entre los entusiastas, vinieron las consideraciones sobre la idoneidad de un teatro para disfrutar de una orquesta de estas características. 
Lo que escuchamos, ¿es música sólo para bailar? Cabría recordar que muchos de los “lugares emblemáticos” que identificamos como ideales para la interpretación de este repertorio son recintos donde se bebe y se come, se escucha, se mira y se huele. Y, quien puede, toca. Pero no se baila, o no es lo primordial.
La vida no deja de darnos sorpresas.



CMQ Big Band, con Alain Pérez
JAZZ 2016. Cultural Rioja
Teatro Bretón. Logroño
19 de mayo de 2016



Otras crónicas del ciclo JAZZ 2016. Cultural Rioja:
Ernie Watts
Ralph Towner y Paolo Fresu
                                                                   

viernes, 20 de mayo de 2016

El relativo valor de las palabras

Joseph Kosuth. Una y tres sillas. 1965.
Dice el viejo maestro Lao Tse (bueno, esto en realidad es una forma de hablar y sería más adecuado decir que se dice que decía allá por el siglo VI antes de Cristo) que “desde los tiempos más remotos hasta hoy, jamás se ha podido prescindir de los nombres para entender las cosas”.
¿Seguro?
¿Será cierto que todo está definido por las palabras?
¿No hay más realidad que la que abarca el variable acervo verbal de cada idioma?
¿Es verosímil que todo esté para siempre en el vocabulario de cada lengua, y agrupado ingeniosamente en relatos recogidos en los libros?
¿Está todo previsto, clasificado y descrito en la biblioteca, como les gusta pensar a los técnicos de la IFLA y a los satélites y alienígenas que les rodean?
¿Son las palabras de alguna utilidad?
Hablando, ¿se entiende la gente?
Vamos a ver qué dice al respecto Borges en "La biblioteca de Babel", porque él tuvo mucho que ver con tan arduo asunto y lo afrontó desde varias trincheras:


Joseph Kosuth. Una y tres fotos. 1965.


"Afirman los impíos que el disparate es normal en la Biblioteca y que lo razonable (y aun la humilde y pura coherencia) es una casi milagrosa excepción. Hablan (lo sé) de «la Biblioteca febril, cuyos azarosos volúmenes corren el incesante albur de cambiarse en otros y que todo lo afirman, lo niegan y lo confunden como una divinidad que delira». Esas palabras que no sólo denuncian el desorden sino que lo ejemplifican también, notoriamente prueban su gusto pésimo y su desesperada ignorancia. En efecto, la Biblioteca incluye todas las estructuras verbales, todas las variaciones que permiten los veinticinco símbolos ortográficos, pero no un solo disparate absoluto. Inútil observar que el mejor volumen de los muchos hexágonos que administro se titula «Trueno peinado», y otro «El calambre de yeso» y otro «Axaxaxas mlo». 
Joseph Kosuth. ex hypothesi. 1990.
Esas proposiciones, a primera vista incoherentes, sin duda son capaces de una justificación criptográfica o alegórica; esa justificación es verbal y, ex hypothesi, ya figura en la Biblioteca. No puedo combinar unos caracteres 
dhcmrlchtdj 
que la divina Biblioteca no haya previsto y que en alguna de sus lenguas secretas no encierren un terrible sentido. Nadie puede articular una sílaba que no esté llena de ternuras y de temores; que no sea en alguno de esos lenguajes el nombre poderoso de un dios. Hablar es incurrir en tautologías. Esta epístola inútil y palabrera ya existe en uno de los treinta volúmenes de los cinco anaqueles de uno de los incontables hexágonos, y también su refutación. (Un número n de lenguajes posibles usa el mismo vocabulario; en algunos, el símbolo biblioteca admite la correcta definición ubicuo y perdurable sistema de galerías hexagonales, pero biblioteca es pan o pirámide o cualquier otra cosa, y las siete palabras que la definen tienen otro valor. Tú, que me lees, ¿estás seguro de entender mi lenguaje?)."
Joseph Kosuth. Las palabras son hechos. 1991.

jueves, 19 de mayo de 2016

Celestina

Jose Luis Gómez en su creación de Celestina. Foto de Sergio Parra.
Poner en pie a Celestina y hacerla volver al teatro debe considerarse un acontecimiento para el idioma español, y, como tal, ha de reconocerse el valor del empeño, sobre todo cuando por sus evidentes méritos el esfuerzo resulta coronado por el acierto.
Una de las primeras ediciones de la Celestina. Circa 1510. Sevilla.
El   intemporal “cuento” de Fernando de Rojas es perfecto, incombustible. Su manera de narrarlo es fascinante, y atrae al espectador con la misma fuerza magnética que sus pasiones a los desdichados protagonistas. Todo en Celestina es humano -demasiado humano- y es una fuente inagotable de emoción y de interés dramático.
Francisco de Goya. Maja y Celestina. 1808.
La  versión para la escena de Brenda Escobedo es limpia y fiel, actualizada sin renunciar a la sórdida oscuridad del original. Destaca en ella el especial interés por marcar el ritmo y el sonido del texto, dicho por excelentes actores con muy distintas cualidades bajo la exigente dirección de José Luis Gómez, tan interesado como siempre en lo específico de la “alocución escénica”. El fruto de ese complejo trabajo sobre la musicalidad del idioma está enriquecido por el meticuloso espacio sonoro creado para el espectáculo, enmarcado entre rotundas campanas y acompañado por cantos de raíz sefardita y los destemplados lamentos avihuelados del cerril Calisto.

La  tragicomedia sigue siendo perfectamente válida como compendio de sabiduría práctica frente a las estrecheces de la necesidad (llena de refranes populares, consejas, remedios, admoniciones,...) y como recensión de altos principios, mudables -como sabemos- según el interés cambiante de cada cual. 
El elenco de la función en un posado "velazqueño", con Celestina-Gómez como aposentador real  de Las Meninas. Foto de Sergio Parra.
La   puesta en escena funciona como un estilizado corral de comedias que permite el desarrollo de escenas simultáneas en planos secundarios, evitando así complicar y alargar innecesariamente la función, y propiciando que se intuyan en la penumbra acciones complementarias como el vago reflejo de la amenaza apremiante del brazo armado de la religión. La  estructura metálica (que aporta una interesante fuente complementaria de sonido “incidental”) recuerda curiosamente a las dinámicas maquinarias teatrales creadas por los constructivistas rusos para Meyerhold hace un siglo).
Liubov Popova. Boceto y puesta en escena de El cornudo magnífico, dirigida por Vsévolod Meyerhold. 1922.
José Luis Gómez hace una auténtica creación del personaje de Celestina, construido -seguramente- a partir de su memoria personal, de lo que su ojo y su oído conservan tras la provechosa observación de marginales, segregados y pobres. Con la mezcla adecuada de intuición y estudio de ese entorno lumpen construye un deslumbrante retablo de impresiones sobre la necesidad, en sus manifestaciones de vejez, avaricia, violencia, lujuria y muerte. De ahí vendrán los acentos, la gestualidad, y hasta la patadita por bulerías, que han sido consideradas “anacrónicos” por algunos. Pero el teatro es la casa de la ficción y de las artes, y no necesariamente el templo de la verdad.

Jose Luis Gómez, con Calisto, Pármeno y Sempronio al fondo. Foto de Sergio Parra.
La   Celestina de José Luis Gómez es un espectáculo extraordinario, un aguafuerte corrosivo lleno de contrastes que ilumina, cinco siglos después de que fuera escrito, las virtudes imperecederas de un texto clave para entender la fragilidad de la naturaleza humana y las cualidades de nuestro asombroso idioma.


Celestina
Dirección de José Luis Gómez
Produccin del Teatro de La Abadía y la CNTC
Teatro Bretón. Logroño
13 y 14 de mayo de 2016



miércoles, 18 de mayo de 2016

De caza. (Oído al vuelo)

F.G. Vanitas. Cementerio de San Francisco. Santiago. 03.2016.
"Hasta el toro todo es rabo", dice la gentil veterinaria con una airosa revolera, tomándose las partes (nobles) por el todo. O viceversa, que tanto monta.


F.G. San Isidoro. León. 03.2016.
"Autoindependiente" llama la embelesada abuela a su queridísima nieta, que va haciéndose cargo de su derecho a decidir y pasando sin solución de continuidad -y a toda mecha- desde la dependencia párvula a hacer de su capa un sayo sin encomendarse ni a Dios, ni al Diablo, ni a la yaya.


F.G. Vuelo. León. 03.2016.
"Horario: Abierto de 8:30 a cierre. Muchas gracias.", se anuncia con calculada imprecisión en la agitada puerta de la pastelería, porque es conveniente dejar un punto de suspense en las relaciones interpersonales y cierta esperanza indulgente para las necesidades apremiantes de los irremediables golosos con síndrome de abstinencia.


Ian Hamilton Finlay. Perezcan los tiranos del dinero. 1982.
Lapsus linguae. Se le cruzaron las letras, subvirtieron su orden natural y acabó llamando mangante al magnate de toda la vida. ¿En qué estaría pensando?

martes, 17 de mayo de 2016

Globalización

Pintura mural para la instrucción antropológica. 1864.
En una rotonda de la circunvalación de mi ciudad se detiene el conductor de un camión norteamericano de cuarenta toneladas hecho en Turquía y matriculado en Holanda, y me pregunta con precisión en un correcto español -tras el que solo por la peculiar musicalidad y los estereotipos etnocentristas identifico a un ciudadano pakistaní- por un polígono industrial de las afueras en el que se almacenan y desde donde se distribuyen por media Europa productos foráneos de lo más diverso.
Dani Sanchis. Ocultura. 2010.
Cuando aclaramos su destino gira 360 grados y se pone en marcha, muy agradecido y saludador. Entonces soy yo el que duda sobre la ubicación del polígono y lo atinado de mi información. De vuelta a casa busco en google y me tranquilizo. Al menos hoy y en este aspecto concreto no he sido un obstáculo para la globalización.
Greenpeace.
Pero sigo estando en contra del Acuerdo Transatlántico para el Comercio y la Inversión (TTIP por sus siglas en inglés)

lunes, 16 de mayo de 2016

Ralph Towner y Paolo Fresu, de manera silenciosa


Ralph Towner y Paolo Fresu.

En la pareja artística formada por Ralph Towner y Paolo Fresu a las conocidas bondades del dúo de jazz se añaden las ventajas de la relación intermitente. Un vínculo, digamos, “fijo-discontinuo”, que se renueva a conveniencia desde hace más de veinte años y al que cada uno va aportando en cada reencuentro lo que sigue aprendiendo a través de otras experiencias musicales, la visita de otros sonidos y la satisfacción de otros intereses.
Retoman de vez en cuando la colaboración abierta donde la dejaron, con la facilidad que da el contar con el repertorio incombustible de su disco Chiaroscuro (2009), que lleva camino de convertirse en un clásico del jazz del siglo XXI.  En ese puerto seguro, sobre esas diez canciones magníficas, vuelan alto y renuevan y enriquecen la provechosa relación.  Comentó Fresu que el disco reflejaba “la filosofía del dúo”, y se refirió a Caravaggio y a su contrastado estilo de luces y sombras como una constante fuente de inspiración para su música.
Caravaggio. El tañedor de laúd. 1596.

Afortunadamente su concierto en Logroño tuvo un sonido perfecto, transparente, algo absolutamente imprescindible para apreciar tan sofisticada música. Y para disfrutarla plenamente, porque además de su evidente complejidad intelectual también es una música con voluntad de apreciación sensual, que desde su delicada sutileza llama a la alegría de vivir.
La noche empezó con Punta Giara para seguir con Wistful thinking, Doubled Up y Blue in Green (esa maravilla escrita por Bill Evans y firmada a medias con Miles Davis). Después el standard I fall in love too easy, de Jule Styne, popularizado por Frank Sinatra y los trompetistas Chet Baker y -de nuevo- Miles Davis, en la que apreciamos la capacidad del dúo para el swing y para afrontar cómodamente una canción de estructura convencional, más allá de los modos lineales donde se suelen mover. Y para acabar, Chiaroscuro, Sacred Place y, de regalo, Summer´s end, con un aire de bossa nova brillante y alegre.
Ralph Towner .
Ralph Towner demostró que es un virtuoso dotado de una técnica compleja, sofisticada y esencialmente clásica, que pone al servicio del sonido y de la emotividad de su personal forma de entender, tocar y componer jazz. Su formación inicial como pianista se aprecia en su asombrosa capacidad “polifónica” -tocando con naturalidad varias líneas melódicas simultáneamente- y en sus desarrollos armónicos. Escuchándole se entiende que se sienta más cerca de Bill Evans que de los guitarristas del be-bop, porque su música resulta siempre cool, limpia, precisa, elegante. Su forma de tocar asombra a los aficionados al jazz, aunque sea habitual en otras culturas guitarrísticas: la sutileza de la cuerda pulsada, su maestría con el legato, la capacidad de obtener delicados sonidos percutivos en el mástil mediante leves presiones, los efectistas glissandos, su fluidez,…, todo en él resulta –aparentemente- sencillo y natural: como respirar. Y cuando toca la guitarra barítono no disminuyen esas cualidades y entre las  sonoridades graves aparece la capacidad para hacer sonar un instrumento acústico con la potencia de un bajo funky.
Paolo Fresu.
Junto a este sabio tranquilo, este virtuoso en plena madurez que todo lo hace fácil, estuvo el impecable Paolo Fresu, un brillante trompetista que aportó versatilidad al dúo, unas veces  a través de vibrantes desarrollos melódicos sobre el ostinato minimal y a menudo remarcando el valor musical del silencio, la importancia de ese aire que es poco más que el aliento vital previo a la nota musical. Resultaba curiosa su gestualidad, recordando a veces a un arquero en constante tensión para colocar la nota precisa en el lugar adecuado, y otras convertido en un ovillo reconcentrado, buscando desde donde extraer de su capacidad instrumental la sentimentalidad, el brillo y el calor que equilibraran tan delicadas melodías. Como en todos los trompetistas de su generación se puede reconocer en Fresu la influencia de Miles Davis,  pero más en la intención que en la técnica o el fraseo, lo que le mantiene lejos de la amenaza manierista. Su paleta de sonido –con el fiscorno y la trompeta, con o sin sordina- es amplísima, y su riqueza tímbrica admirable, muy apropiada para aportar atmósferas y colorido al repertorio.
Caravaggio. La tentación de San Mateo. 1599.
Fue un excelente concierto de setenta minutos que se hicieron muy cortos, con el público en un silencioso arrobo ante dos músicos unidos a la vez por el contraste y la sintonía entre la cálida luz y la misteriosa sombra. Aunque, como suele pasar en las parejas, los papeles eran intercambiables.
Para el anecdotario queda, por infrecuente, la utilización en plena actuación de una lima de uñas por el maestro Towner. Y es que la mano es un instrumento de precisión. 


Ralph Towner & Paolo Fresu
JAZZ 2016. Cultural Rioja
Teatro Bretón. Logroño
11 de mayo de 2016



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