viernes, 31 de octubre de 2014

Que se nos va la pascua, mozas...

John Hamersveld. 1974. Portada para The Grateful Dead.
Como dos viejas amigas, Venus baila con la parca la danza de la vida con total naturalidad, hechas, al fin y al cabo, la una para la otra.

Michael Wolgemut. La danza de la muerte. 1493.
Por muy joven que seas, querido lector, seguro que has sentido próxima más de una vez la pérdida irreparable, tan dolorosa por prematura como por inesperada.
Vive y disfruta el momento, y no aplaces demasiado lo que realmente quieres, porque estamos de paso, y al galope.
Flor Garduño. Polvo serán, mas polvo enamorado. 1990.

"Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra".

Jaime Gil de Biedma. No volveré a ser joven. Incluido en Poemas póstumos. 1968.
Jaime Gil de Biedma. No volveré a ser joven.
Antología personal. Colección Visor de poesía.1998.

Foto de F.G. Insisto: ¿estás muerto?. Zaragoza, 26.09.14.

El "tema", tan viejo como la humanidad, ha dado mucho de sí en todos los ámbitos de la creación
Mirad qué jocoso y musical, qué popular, se mostraba en este romance el brillante Góngora, en pleno siglo de oro y sombras:

"Mozuelas las de mi barrio, 
loquillas y confïadas: 
mirad no os engañe el tiempo, 
la edad y la confïanza; 
no os dejéis lisonjear 
de la juventud lozana, 
porque de caducas flores 
teje el tiempo sus guirnaldas. 
Que se nos va la pascua, mozas, 
que se nos va la pascua. 

Vuelan los ligeros años
y con presurosas alas
nos roban, como harpías,
nuestras sabrosas vïandas:
la flor de la maravilla
esta verdad nos declara,
porque le hurta la tarde
lo que le dio la mañana. 
Que se nos va la pascua, mozas, 
que se nos va la pascua.
(…)
Por eso, mozuelas locas,
antes que la edad avara
el rubio cabello de oro
convierta en luciente plata,
quered cuando sois queridas,
amad cuando sois amadas,
mirad, bobas, que detrás
se pinta la ocasión, calva.
Que se nos va la pascua, mozas,
que se nos va la pascua.

Luis de Góngora. 1582.


Lawrence Weiner. Tierra a la tierra. Cenizas a las cenizas. Polvo al polvo.
La ocasión la pintan calva, y a poco que te descuides estarás llamando a las puertas del cielo. 
Disfruta, mientras tanto, del regalo de la vida. Sácale partido y compártela con generosa prodigalidad.


Knockin´ on heaven´s door.
Bob Dylan & The Grateful Dead. 1987. Columbia.
Richard Misrach. Por favor, apague las luces. iPhone studios. 2011.
Y el último, que cierre la puerta y apague la luz. 
Ya está todo pagado.
  

jueves, 30 de octubre de 2014

Dónde y cómo aprender a escribir poesía

Ian Hamilton Finlay. Ola - Roca. 1968.



"Los poetas deberían escuchar el ritmo del mar. Ese es el ritmo del libro de Job y de todas las magníficas partes del Antiguo Testamento. Se oye en esa doble forma de decir que utilizaban los Hebreos. Se dice y a continuación se dice de nuevo, de forma sutilmente diferente. Y eso es como las olas del mar. Sabemos cómo llegan las grandes olas -bshshshsh- arrastrando los cantos rodados con estruendo. Luego algunos cantos se alejan rodando; el ruido es menor, como un sonido de contracorriente y luego se levanta una segunda ola, menor que la primera. Bshshshsh  -y después hay una pausa. Y enseguida llega otra ola y vuelve a ocurrir exactamente lo mismo. Esa es la música de la que hay que aprender y de la música del viento y del susurro de las hojas".

Gibran Kahlil Gibran (citado por su antólogo y traductor, Pedro Pérez Prieto, en el prólogo de Aforismos. Renacimiento. Sevilla, 2014)

Oleaje nocturno cerca del Cabo Menor, en Santander. 19.10.14.

La poesía, en opinión de nuestro ilustre invitado, sería un asunto esencialmente sonoro.
Hoy hemos traído olas y rocas.
Otro día traeremos el viento y las hojas.

Ian Hamilton Finlay. Ola - Roca.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Soy del tamaño de lo que veo


Joan Miró. La bañista. 1925.

“Releo pasivamente, recibiendo lo que siento como una inspiración y una liberación, aquellas frases de Caeiro, en la referencia natural que resulta del pequeño tamaño de su aldea. Desde allí, dice él, por ser pequeña, puede verse más del mundo que desde la ciudad; y por eso la aldea es mayor que la ciudad…
 
     `Porque yo soy del tamaño de lo que veo
     Y no del tamaño de mi estatura.´

 
Frases como estas, que parecen crecer sin voluntad de haberlas dicho, me limpian de toda la metafísica que espontáneamente añado a la vida. Después de haberlas leído, me acerco a mi ventana sobre la calle estrecha, miro al cielo infinito y a los astros sin cuento, y soy libre con un esplendor alado cuya vibración hace estremecerse todo mi cuerpo. 

Chema Madoz.

`¡Soy del tamaño de lo que veo!´ Cada vez que pienso en esta frase con toda la atención de mis nervios, me parece más y más destinada a reconstruir consteladamente el universo. `¡Soy del tamaño de lo que veo!´ Que gran poder mental va desde el pozo de las emociones profundas hasta las altas estrellas que en él se reflejan, y que así, en cierto modo, están allí.
Por eso ahora, con conciencia de saber ver, contemplo la vasta metafísica objetiva de los cielos todos con una seguridad que me dan ganas de morir cantando. `¡Soy del tamaño de lo que veo!´ Y el vago resplandor de la luna, completamente mío, empieza confusamente a arruinar el azul medio-negro del horizonte.

Not Vital. Luna de acero. 2011.
Ganas me dan de levantar los brazos y gritar cosas de una salvajería no conocida, de decir palabras a los altos misterios, de afirmar una nueva personalidad ensanchada a los grandes espacios de la materia vacía.
Pero me repliego y ablando. `¡Soy del tamaño de lo que veo!´ Y la frase se queda convertida en mi alma entera, reclino sobre ella todas las emociones que siento, y sobre mí, por dentro, como por fuera sobre la ciudad, cae la paz indescifrable de la dura luz de la luna que empieza a propagarse con el anochecer”.

Fernando Pessoa. Libro del desasosiego, compuesto por Bernardo Soares, ayudante de tenedor de libros en la ciudad de Lisboa. (Traducción de Perfecto E. Cuadrado). Acantilado. Barcelona, 2002.


Fases de la luna.
Fernando Pessoa era tan grande, a pesar de lo reducido de su horizonte vital, que no cabía en sí mismo, por lo que recurrió sistemáticamente a la ocupación de otras "personas". En este caso a sus heterónimos Bernardo Soares, Vicente Guedes y Alberto Caeiro, con los que escribió un libro tan desasosegante como inagotable. Todas esas miradas, si no más, son necesarias para hacerse una idea cabal de la luna.
F.G. Luna sobre El Sardinero. Santander. 18.10.14.

Puesto que somos del tamaño de lo que vemos, dirijamos la vista y dediquemos el tiempo solo a mirar lo que vale la pena.

martes, 28 de octubre de 2014

Planta Baja abierta a la calle

Aurora León. Planta Baja. 2013.

Algo habremos hecho mal los que de una u otra forma nos dedicamos profesionalmente a los asuntos culturales (como creadores, como distribuidores de contenidos o como simples mediadores) para que los ciudadanos no hayan percibido con la misma claridad que han demostrado respecto a la sanidad, la educación o los servicios sociales, que los drásticos recortes de los presupuestos públicos dedicados a la cultura (y las subsecuentes desviaciones de buena parte de las sobras hacia nichos de actividad solo tangencialmente ligados a ella) les afectan de la misma manera y que quizá, a medio plazo, les afectarán más profundamente.
Por eso es muy de agradecer que surjan del páramo en el que todo esto se va convirtiendo iniciativas particulares preocupadas por lo público y alejadas de la vacua retórica de “los emprendedores”. 
Teresa Rodríguez. Planta Baja: una luz en el barrio. 2013.
Hoy vamos a hablar de Planta Baja, un espacio de uso múltiple y gestión flexible impulsado por los arquitectos Aurora y José Miguel León con la inapreciable colaboración de la historiadora Maite Bellido, abierto desde hace poco más de un año en la calle de la Cigüeña, en el “barrio árabe” de Logroño,  al abanico de intereses culturales y sociales de cualquier persona atenta a la plural realidad que nos rodea: el arte en todas sus manifestaciones, la reivindicación de los precursores del diseño español en los años sesenta (en cuanto a mobiliario, objetos, publicidad, tebeos,...), el consumo sostenible, el reciclaje, los libros y la ciudad en cualquiera de sus manifestaciones.
Carlos Rosales. Planta Baja. 2013.
Se trata de un proyecto arriesgado y sin ningún apoyo institucional, que ha hecho de las exposiciones y el debate sus ejes estratégicos, y va ganando paulatinamente la complicidad de los agentes culturales (sobre todo de los artistas) y del vecindario, labor tan meritoria como difícil en un barrio depauperado con tendencia a la marginalidad.
Esa forma de gestión abierta y dinámica, apoyada en parte por una amplia red de discreto “micromecenazgo”, permite a los impulsores conseguir logros sorprendentes sobre los que es bueno poner el foco para que no pasen desapercibidos al conjunto de la ciudad y sean aprovechados como las oportunidades que realmente son.
José Miguel León. Usos privados de espacios públicos.

Sin ir más lejos (y por no recurrir a enumerar la ya notable nómina de artistas consagrados y jóvenes que han gozado de su hospitalidad en tan corto periodo de tiempo), hay en estos momentos una exposición doble que bajo el título “La calle, espacio común” agrupa los trabajos del grupo de investigación Habitar (de la Universidad Politécnica de Barcelona) y de 2L arquitectos, coincidentes en la intención de analizar los usos que los ciudadanos damos a los espacios públicos, que están diversificándose y cambiando aceleradamente regidos por una dialéctica público-privada en la que quien tendría que establecer las normas y aplicar las reglas del juego a menudo está desbordado por la mudable realidad o directamente sometido a los lobbys de los intereses privados, que no ven en lo público más que una posibilidad de negocio rápido. Un buen tema para reflexionar.
José Miguel León. Hacer la calle.
Planta Baja se va construyendo sobre la marcha en lo que desde el principio ha querido ser: un lugar de cultura y debate, abierto, como un observatorio privilegiado, a la calle y a los que la habitan.
José Miguel León. La calle cambia de color y olor.
Quizá por ahí, con iniciativas de este tipo, de manera libre, paulatina, informada y sin servidumbres, se pueda ir recuperando (al menos en parte) la deseable sintonía perdida entre la cultura y los ciudadanos.
José Miguel León. La calle como mercado.
Lo que no exime a la administración, tal como indica nuestra Constitución, de su responsabilidad en el fomento de la cultura como bien común y en su gestión profesional. 
Anna Sodupe. La calle y el juego.



 (Publicado en Rioja2 el 31.10.2014)




lunes, 27 de octubre de 2014

La arrulladora

F.G. Casa Museo de Zenobia y Juan Ramón Jiménez, en Moguer. 07.2014.


"La chiquilla del carbonero, bonita y sucia cual una moneda, bruñidos los negros ojos y reventando sangre los labios prietos entre la tizne, está a la puerta de la choza, sentada en una teja, durmiendo al hermanito.
    Vibra la hora de mayo, ardiente y clara como un sol por dentro. En la paz brillante, se oye el hervor de la olla que cuece en el campo, la brama de la dehesa de los Caballos, la alegría del viento del mar en la maraña de los eucaliptos.
    Sentida y dulce, la carbonera canta:

                        Mi niiiño se va a dormiii
                   en graaasia de la Pajtoraaa...

Pausa. El viento en las copas...

                       ...y pooor dormirse mi niñooo,
                   se duermeee la arruyadoraaa...

    El viento... Platero, que anda, manso, entre los pinos quemados, se llega, poco a poco... Luego se echa en la tierra fosca y, a la larga copla de madre, se adormila, igual que un niño".


Juan Ramón Jiménez. La arrulladora. Capítulo XLIV de Platero y yo. Edición del Centenario. Sevilla, 2014.

F.G. Rodaje de una película en la Plaza de las Monjas, delante del Convento de Santa Clara, en Moguer. Al fondo, JRJ y Platero escuchando las músicas de la infancia. 07.2014.

Este año ha sido declarado por quien puede "Año Platero", para conmemorar el centenario de su publicación. 
¿Sabrán los burros cuándo es fiesta? La pregunta, con entonación despectiva y mucho retintín, se nos hacía a los chiquillos cuando nos metíamos donde no nos llamaban. Seguro que el buen Platero, con su delicada intuición, sabría distinguir ese matiz, como tantos otros igual de sutiles recogidos por JRJ en tan singular obra.
F.G. El patio de la casa de Zenobia y Juan Ramón. Moguer. 07.2014.
Carmen Linares vuelve a miracomosuena para cantarnos la coplilla del arrullo de la carbonerita convertida, junto a Juan Carlos Romero, en un prodigio flamenco:

Canción de madre, de JRJ.
Carmen Linares al cante.
Juan Carlos Romero, compositor y guitarra.
Raíces y Alas.Salobre.2008.
Moguer sigue sonando igual de bien que como la oía y la contaba JRJ. Incluso con las mismas transcripciones fonéticas que no respetaron los editores de la obra en su momento, con el lógico enfado del poeta. 
Para esas restauraciones y limpiezas sirven también los "años" solemnes.
Juan Ramón Jiménez fotografiado en 1923. Centro de Estudios Juanramonianos.


"Las palabras de las madres
tienen fragancias y ritmos
de llanto, que nadie sabe
dónde los han aprendido.
(...)
rosas, aire azul... Las madres
están durmiendo a los niños".

viernes, 24 de octubre de 2014

Pájaros en el alambre


Antonio Ruiz. Subsaharianos encaramados en la valla junto al cementerio musulmán de Melilla. El País, 22.10.2014.

Ahí están, un día más
Intentan, como dice la canción, ser libres, y, llegados hasta aquí, habiéndolo perdido todo en el camino, están determinados a conseguirlo.


Bird on the wire. Leonard Cohen. Cohen live. 1994.
Juan Sánchez Cotán. Bodegón de caza, hortalizas y frutas. 1602.















Les cueste lo que les cueste, porque la inversión ha sido grande: han abandonado a sus familias, se han endeudado para siempre con las mafias que les han transportado en ínfimas condiciones, han visto morir a sus iguales, han sido explotados y vejados.
Flor Garduño. La colección.
Pero lo peor ya ha quedado atrás. 
O, al menos, eso quieren pensar.


jueves, 23 de octubre de 2014

Chumy Chúmez que estás en los cielos...


Chumy Chúmez. Años 90.

Chumy Chúmez (José María González Castrillo para el Registro Civil) murió en 2003, pero, si desconociéramos ese dato, al ver cualquier dibujo suyo nos parecería editado esa misma mañana y fruto de la reflexión inteligente de un buen analista sobre un suceso reciente. 
Esto dice mucho del dibujante (porque sus viñetas a menudo son, como él mismo afirma, “epitafios”), pero bastante poco  (o, por mejor decir, dice mucho pero malo) sobre los españoles como paisanaje, siempre dándole vueltas a lo mismo y con tan escasas miras y provecho como un burro amarrado de por vida a una chirriante noria.
Aquí quedan, entresacados de
su ingente obra, algunos de sus afanes y preocupaciones más habituales. Algo así como una desencantada colección de aforismos sobre la castiza "marca España”.

- La crítica del esencialismo reaccionario convertido en supuesto patriotismo.
Chumy Chúmez. 1996.



- El clasismo y la doble moral frente a la generalización de la pobreza.
Chumy Chúmez. 1983.

- El orgullo violento por la ignorancia cerril, valorada como patrimonio común y seña de identidad.
Chumy Chúmez. 1991.



- La querencia por la manipulación explosiva de sentimientos e “identidades”.
Chumy Chúmez. 1989.




- Y la sensación deprimente, desoladora, de vivir rodeados y gobernados por ladrones.
Chumy Chúmez. 2000.


Lo que no sabíamos es que también tuviera dotes adivinatorias que le llevaran a vislumbrar las derivas populistas y el culto a la personalidad en las que íbamos a caer.
Chumy Chúmez. Sin fecha.


miércoles, 22 de octubre de 2014

El viaje de las palabras

Subodh Gupta. What does the vessel contain, that the river does not. 2012.
Cuentan las crónicas que "canoa" fue la primera palabra "americana" que Antonio de Nebrija incluyó en su diccionario hispanolatino allá por el 1494. El DRAE todavía recoge su origen taíno, y
la define como "embarcación de remo muy estrecha, ordinariamente de una pieza, sin quilla y sin diferencia de forma entre proa y popa".
Jems Robert Koko Bi. Convoy real. 2010. Pabellón de Costa de Marfil en la Bienal de Venecia de 2013. Foto de F.G.
Estas décadas pasadas se ha incorporado al habla común española, por su reiterada presencia en los medios de comunicación principalmente, la palabra "patera", de origen norteafricano (aunque quizá proviniente del latín pátera, equivalente a plato y a plano), recogida por la Academia como "embarcación pequeña, de fondo plano, sin quilla", que está sirviendo como vehículo de tragedia e incertidumbre para la emigración irregular subsahariana, y que se ha generalizado como esclarecedor calificativo para explicar algunos aspectos de lo marginal y clandestino en asuntos tan diversos como las viviendas, los transportes, las relaciones laborales, etc.
Ron Mueck. Hombre en un bote. 2002.

Después de su viaje desde el hemisferio sur al norte, la palabra ha cruzado el Atlántico, y el artista cubano Armando Mariño la utiliza para nombrar algunas de sus obras, también relacionadas con la precaria movilidad clandestina de su país.
Armando Mariño. La patera (The raft). 2010.

Las palabras sirven a los hombres como ligeros vehículos de expresión y comunicación, traídos y llevados por corrientes y vientos sin regla estable, sujetos al interés y sometidos al dominio.
Solo las salva su utilidad y la precisión con la que nombran fenómenos, sentimientos o situaciones mutables por naturaleza. 
Cuando, siguiendo un rumbo azaroso, cambian de medio,  suelen cambiar de significado, o, al menos, se utilizan con distinta intención. 
Son frágiles, y la caducidad y la transformación forman parte de su esencia.
Federico Fellini. E la nave, va. 1983.
Es difícil limpiar, fijar y dar esplendor en condiciones tan volátiles, pero, aún así, la nave, va.

martes, 21 de octubre de 2014

El Aullido de Allen Ginsberg en Madrid

Allen Ginsberg en 1953.

"Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, hambrientas histéricas desnudas, 
arrastrándose por las calles de los negros al amanecer en busca de un colérico pinchazo,
hipsters con cabezas de ángel ardiendo por la antigua conexión celestial con la estrellada dinamo de la maquinaria nocturna, 
que pobres y harapientos y ojerosos y drogados pasaron la noche fumando en la oscuridad sobrenatural de apartamentos de agua fría, flotando sobre las cimas de las ciudades contemplando jazz,
que desnudaron sus cerebros ante el cielo bajo los puentes y vieron ángeles mahometanos tambaleándose sobre techos iluminados
(...)"
Así empieza, en la versión castellana de Rodrigo Olavarría, el poema Howl (Aullido), publicado por Allen Ginsberg en 1956. 
Algunos de los sospechosos habituales de la Beat Generation, en 1956, 
delante de la librería City Lights, de Lawrence Ferlinghetti.
Más allá de sus valores poéticos propios, puede considerarse como uno de los escritos más influyentes de los últimos sesenta años, tanto para la literatura como para las letras de la música popular, por sus contenidos y la forma directa de expresarlos.

Allen Ginsberg lee Howl (Aullido) en el 
Círculo de Bellas Artes, de Madrid, en 1993.

Escuchar su lectura en la voz de Ginsberg, oír esas largas melopeas con poderosas visiones entre lo místico y lo sórdido, ese estilo declamatorio lleno de ritmo y tan musical, nos lleva inmediatamente a las canciones de Bob Dylan (una especie de hermano pequeño al que enseñó mucho, pero del que aprendió bastante) y de buena parte de lo mejor del rock americano.
William Burroughs en 1953.
Es evidente que Ginsberg fue consciente desde el principio de la importancia de su obra (tan nueva formalmente, aunque tan deudora de las peroratas de Walt Whitman y de los desarrollos  musicales del jazz; tan influida por las plegarias budistas y las salmodias judías). Una obra concebida como instrumento de protesta y denuncia, pero con intención perdurable más allá de lo coyuntural.
Jack Kerouac en 1953.


Las fotos de esta entrada son de los años de gestación del poema, y retratan a su entorno creativo y afectivo más próximo (proscritos perseguidos en aquella época, luego convertidos en referencias creativas para la contracultura de medio mundo) en los lugares descritos en los versos, en Nueva York y San Francisco.
Neal Cassady y Natalie Jackson en 1955.
Además de ser un excelente cronista de su turbulenta época, podemos apreciar en estas fotos, hechas con su Kodak Retina, sus valores como documentalista, calígrafo y archivero. Un hombre ordenado y con intención de perdurar, a pesar de la mala fama y las engañosas apariencias. No hay más que ver su página web.

lunes, 20 de octubre de 2014

Donde las dan, las toman, o el alguacil alguacilado

Agencia Pierluigi. Esperando a Anita Ekberg en el aeropuerto de Roma. 1959.










"El ojo que ves no es
ojo porque tú lo veas;
es ojo porque te ve".


             O, lo que viene a ser lo mismo...

"Los ojos por que suspiras,
sábelo bien,
los ojos en que te miras
son ojos porque te ven".


Antonio Machado. Proverbios y cantares. 1917.


                                                             Elliott Erwitt. Reunión en París de los fotógrafos de la agencia Magnum. 1988.

Hay entre la gente normal (porque hay otros que pagan por aparecer como propaganda de sí mismos) una saludable aspiración de pasar desapercibidos y de mantenerse alejados de las cámaras y de su escrutinio.
Pero sin renunciar a ver. Ver sin ser vistos. Aunque no siempre es posible, ni siquiera para los fotógrafos.


Irving Penn. Ojo en cerraja. 1953.
"No me mires, que nos miran,
que miran que nos miramos.
No nos miremos, que cuando no nos miren
nos miraremos".

(Versión del acervo familiar de un trabalenguas popular castellano)

viernes, 17 de octubre de 2014

La novia judía


Rembrandt. La novia judía. 1667.






Es conocida la debilidad del joven pintor Vincent Van Gogh por el Rijksmuseum, y dentro de él por Rembrandt y por La novia judía. Ante ese cuadro que visitaba frecuentemente le comentó a un amigo que gustoso daría diez años de vida a cambio de que le concedieran permiso para permanecer durante dos semanas sentado frente a la pintura, sin más compañía que un mendrugo de pan duro.
En una de las cartas a su hermano Theo le comentaba el recuerdo de sus impresiones: era un cuadro íntimo, infinitamente simpático, pintado con mano de fuego por un poeta, por un Creador. "Qué noble sentimiento de una profundidad inmensa. Es preciso haber muerto varias veces para pintar así. Rembrandt penetra tan lejos en el misterio que dice cosas que ninguna lengua puede expresar. Es con justo mérito que se le llama el Mago".
Thomas Struth. Alte Pinakothek. Autorretrato. Munich. 2000.













Lamentablemente, la actitud general de los espectadores contemporáneos ya no es esa. Ya no se ve así la pintura. A los museos se ha dejado de ir a aprender o a intentar transformar la propia vida por elevación. Ahora lo que se busca es marcar el territorio a todo meter y cumplir con las exigencias de la actualidad, y se pasa más tiempo en las tiendas de mercaderías o corriendo por los pasillos que contemplando las obras de los maestros, antiguos o modernos.
Thomas Struth. Stanze di Raffaello. Museo Vaticano. 1990.
La obra artística se convierte en mero reclamo, como cualquier otra bagatela popular a través de la que conseguir pingües beneficios para los desnaturalizados Museos y para recaudadores de todo tipo.
Thomas Struth. El Prado. 2005.



El poco tiempo que los afanosos estudiantes y turistas dedican a la contemplación lo desperdician fotografiándose dando la espalda al cuadro, o inmortalizándolo a larga distancia entre un mar de cabezas movedizas. Una oportunidad perdida. Un esfuerzo inútil. 
Teresa Rodríguez. La ronda nocturna. Rijkmuseum. Agosto de 2014.

Como prueba, sirvan estas fotos de cualquier mañana en el Museo del Louvre de gente que afirmará a la vuelta a su casa que ha visto a la Gioconda:






                                     







Qué tiempos y qué (malas) costumbres.
Como decían las abuelas de antes, "a lo que llegamos".